La nueva realidad o seguir igual (Covid-19)

Demetrio Rojas

Recién llegó a México el Covid-19, se empezaron ha tomar medidas para defender a la población y, poco después, surgió la pregunta: ¿cuándo regresamos a la normalidad? Muy pocos sabían y pudieron dar respuesta. Y la más contundente, pero también subjetiva, fue: Nunca; en sustitución, se empleó la frase referente a una “nueva normalidad”.

En la actualidad se está viviendo ya esa nueva normalidad. Pero, hoy por hoy, se está en la normalidad de la crisis.  La relativa facilidad con que las personas se adaptan a los cambios, está permitiendo realizar contadas actividades socio-económicas, ”las indispensables”, diría el gobierno, y muchas otras actividades más que están comprendidas en la clasificación de “actividades informales”.

Estos cambios profundos y de consecuencias importantes que de entrada paralizaron a la generalidad de la población y un gran sector del aparato gubernamental, han incidido de diversas maneras en las familias. De inicio se visualiza la existencia de las clases sociales. La igualdad de los mexicanos que consigna la Constitución federal, es solamente eso, la igualdad jurídica mas no material. Al publicarse la consigna, orden, eslogan, o como se quiera considerar, de “Quédate en casa”, salió a la luz pública las capacidades económicas de cada familia, unas permanecieron en sus casas sin mayor preocupación que la de esperar el fin del confinamiento; otras por igual, pero con la diferencia de estar en lugares que no simulaban prisión, sino que, por el contrario, parecieran un parque de diversiones permanente; y, aquellos que siendo tan “informales” tuvieron y tienen que salir de sus casas en busca del sustento diario.

De esta forma, el llamado al confinamiento, ha exhibido la desigualdad existente en México. 

Entre los trabajadores también se mostraron las desigualdades, quienes cobran su salario sin trabajar, otros que percibieron la mitad de su salario sin ir a laborar, unos más que suspendidos, prácticamente renunciaron a su trabajo con la promesa de ser recontratados, otro tanto que fue despedido lisa y llanamente, a algunos se les dio aviso del cierre definitivo de su centro de trabajo con las consecuencias obvias.

Los patrones, pequeños, medianos y grandes que fueron cerrando sus empresas o establecimientos y prescindieron de sus trabajadores. Todos con diferentes cargas como contribuyentes (SAT), patrones (IMSS e Infonaviit), consumidor (CFE), en algunos casos como arrendatario, algunos deudores de la Banca. Todos sin obtener utilidades y con los daños que implica tener paralizada la infraestructura.   

Con todas sus bondades la Ley Federal del Trabajo, no cuenta con las disposiciones para hacer frente a situaciones de tal magnitud, que deja a la deriva tanto a patrones como a trabajadores 

La crisis, que ha frenado, si no el avance, por lo menos la “normalidad de la vida social”, se debe entender como un momento (de quién sabe cuantos meses o años) que ha golpeado a la vida, a la integridad física y mental, a la economía, a la educación, a la cultura, etc. Y aunque a la fecha no se tenga una vacuna que proteja a la humanidad, como tampoco la medicina que cure al caer enfermo, ya se tiene conocimiento de cómo prevenir para evitar el contagio.

Si el contagio es provocado por el contacto humano directa (un saludo de mano) e indirectamente (uso común de objetos) y el confinamiento es el arma más eficaz para evitar la propagación, a corto plazo, se debe de tener la capacidad para alimentar a todas las familias que “viven al día”, así como garantizar el suministro de servicios de forma gratuita; a mediano plazo se tiene que procurar que las cabezas de familia tengan la manera de contar con un trabajo remunerado, o sea, disminuir el desempleo.

Paralelamente, se requiere un gobierno que tome oportunamente medidas drásticas pero eficaces, como el controlar la movilidad de las personas en aeropuertos y otros medios de transporte y, de ser necesario, el cierre de los mismos. La crisis no solo impide, también permite y, en ocasiones, obliga. AMLO tiene mucho por hacer

Ese lapso de tiempo se debe ocupar en como construir una superestructura que tienda a crear una nueva realidad, una sociedad más dinámica, más comprometida consigo misma, por ello,  más igualitaria.

No es de añorar el tiempo anterior al Covid-19, después de todo no ha sido tan bueno con más de cincuenta millones en pobreza, es tiempo de crear una nueva realidad aunque después se vuelva normalidad.

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