Columna invitada

INDICADOR POLÍTICO

Historia de la democracia priísta (3):

La oposición nunca ha existido.

CARLOS RAMIREZ

Si se parte del criterio político que oposición es lo que se opone, es decir: lo contrario a lo que existe, entonces en el México posrevolucionario (1908-2020) nunca ha existido oposición política. La razón radica en el hecho de que el Estado posrevolucionario encarnó la Historia y nadie, en su sano juicio, conspira contra la Historia porque entonces no sería oposición legal, sino grupo rupturista o revolucionario que quiera cambiar la forma de gobierno.

La división ideológica en el siglo XIX entre liberales y conservadores se basaba de manera exacta en el criterio de dos proyectos excluyentes: las disputas no eran por las ideas y los programas de gobierno, sino por las formas de gobierno: republicana o monárquica. Porfirio Díaz aplastó las formaciones políticas y Francisco I. Madero, de manera ingenua, quiso apostarle al libre albedrío.

El México revolucionario tuvo dos fases democráticas: la caudillista 1908 a 1929 y la de sistema de partidos de 1929 en adelante. El partido de los revolucionarios dominó como estructura formal e institucional del Estado de 1929 a 1939 en que se fundó el PAN, pero este partido nació del seno del PNR y formalizó su participación en política hasta las elecciones presidenciales de 1952. De 1940 a 1952 compitió sólo en elecciones legislativas federales y locales y llegó a ganar algunos distritos. De 1952 a 1979 el PAN fue el único partido que pudiera haberse considerado de oposición, aunque dentro de las reglas institucionales. La politóloga Soledad Loaeza lo calificó como un parito de “oposición leal” porque no aspiraba a la alternancia en la presidencia de la república. En el 2000 el PAN aprovechó el colapso del régimen priísta y llegó a la presidencia de la república para gobernar como priísta.

El único partido que pudo haberse considerado de oposición fue el Partido Comunista Mexicano, nacido en 1919 por influencia soviética, con dirigencias conflictos hasta 1959 en que hubo una dirección colectiva para poner orden interno y entregarle la secretaría general a Arnoldo Martínez Verdugo, un burócrata interno que administró el reparto del poder hasta la disolución del PCM y sus dos siglas posteriores, PSUM y PMS.

A pesar de profesar una propuesta de gobierno socialista, el PCM logró en 1978 su registro legal con el compromiso firmado de cumplir con la Constitución que había diseñado el grupo posrevolucionario y que grupos de burócratas fueron quitándole sus tintes socialistas. En términos estrictos, hubiera sido imposible que el PCM pudiera gobernar, de haber ganado en algún momento la presidencia de la república, con su modelo socialista vis a vis la Constitución capitalista. En este sentido, el PCM como oposición legal fue simbólica y leal en tanto que el marco jurídico de la forma priísta de gobierno le hubiera impedido cualquier forma real de socialismo.

El PCM se disolvió en 1989 y entregó su registro legal a los cardenistas de la Corriente Critica del PRI para fundar el PRD como un partido de corte priísta tradicional. Y del PRD nació Morena como partido de movimiento sociales conjuntados bajo un liderazgo populista-caudillista. De la reforma política de 1978 que legalizó al Partido Comunista a la fecha, decenas de partidos han nacido, competido y disuelto. De todos los partidos de 1929 a la fecha, sólo están consolidados el PRI, Morena, el PRD y el PAN.

La oposición en las instancias del sistema representativo está atada por sus compromisos de cumplir con la Constitución redactada por los caudillos revolucionarios y depurada de manera consistente por el PRI capitalista y conservador. En los hechos, la oposición cumple con la maldición Zarco: en el siglo XIX Francisco Zarco señaló que la oposición sólo podía nacer del seno de los liberales. En este sentido, la oposición en el siglo XXI nació del seno del PRI y sólo tiene programas de tipo priísta, sea del PRI, del PAN o de Morena.

El sistema de partidos, la Constitución, el INE como policía electoral, las leyes, los tribunales electorales y los ánimos de los votantes tienen que ver con el priísmo como modo de vida política sin extremos ideológicos ni ideas radicales. Por eso la alternancia partidista en la presidencia de la república ha sido sin balazos, tranquila, democrática y estabilizadora, dando por descontados radicalismos carismáticos como los de Vicente Fox, Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y López Obrador.

La democracia priísta es, por lo tanto, antidemocrática porque no atiende al libre albedrío de los ciudadanos y obliga a la sociedad a vivir dentro de las reglas de la estabilidad priísta. La rotación de partidos en el poder sólo ha servido para ajustar las instituciones sin romper los acuerdos y el único elemento disruptivo ha sido alguna crisis económica con alto costo social, pero las alternancias corrigen las deficiencias de los presidentes rebasados por los problemas.

La oposición en el Congreso es simbólica, no modifica la estructura del Estado presidencialista y se ofrece como coartada de una democracia inexistente.

indicadorpolitico.mx

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